Las empresas mineras y su compromiso local

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Una industria transformadora y dinámica, creadora de valor y riqueza para todos los actores involucrados. De esta manera podría resumirse el perfil de la industria minera moderna, sector llamado a ser una de las claves del despegue económico regional de Argentina. Para llevar a cabo esta transformación, se requiere de un director clave que ejecute esta obra: la empresa minera.

El avance de un proyecto no puede ser responsabilidad única de la organización minera, de momento que factores exógenos como política y mercados, regulaciones y aprobaciones, escenarios económicos y financieros, se pueden presentar como condicionantes para que un emprendimiento pueda avanzar.

De cualquier manera, es preciso resaltar la importancia de un operador minero al frente de un proyecto. Independientemente de que sea una organización “major” o junior, la incidencia directa sobre el área de influencia de un emprendimiento puede resultar decisiva.

Es importante destacar la visión que ha tenido la empresa minera internacional radicada en la República Argentina, asumiendo un rol que va mucha más allá de ser un empleador que cumpla con todos los requisitos legales en cuanto a modalidades de contratación, así como de obligaciones impositivas. Se trata de la minería del nuevo milenio, donde la empresa minera juega el rol del buen vecino, inserto como un articulador adicional en el esquema local, pero con una participación trascendental.

La inserción de la empresa minera incluye diferentes iniciativas: la primera es escuchar a las comunidades, aprender de sus usos y costumbres, entender sus inquietudes y dudas, despejar fantasmas. Esta tarea por parte de una organización minera deriva en la obtención de su licencia social, lo que significa que las comunidades del área de influencia la reciban como lo que debe ser, un vecino más. Contar con la licencia social, sumado a todas las autorizaciones emitidas por organismos reguladores y de contralor, autoridad minera, y un sólido esquema económico-financiero, derivará en que un proyecto tenga su luz verde para avanzar, no solo en el plano técnico-operativo, sino también en el comunitario. La importancia de la aprobación comunitaria no es una cuestión menor, porque existen sobrados ejemplos a nivel mundial de proyectos que no pudieron prosperar.

Con muy contadas excepciones, la gran mayoría de los operadores mineros son compañías extranjeras. Se trata de organizaciones con sus casas matrices localizadas en países donde cotizan sus títulos valores. En muchos casos, son compañías que tienen presencia en varios países. Más allá de contar con un ADN corporativo, las empresas mineras se adaptan al ámbito donde se localizan los proyectos, entienden la idiosincrasia de los pobladores de las comunidades, y actúan en consecuencia; es por ello que su estrategia comunicacional refleja una integración con la gente con la que interactúan.

Para que esta relación entre empresas mineras y comunidades sea sustentable en el tiempo se requiere que la licencia social se renueve día tras día. Sería un grave error creer que una licencia social es algo permanente en el tiempo, inamovible y no pasible de cambios. Al fin y al cabo, se trata de un ejercicio constante que la empresa minera nacional, e internacional radicada en la República Argentina, ha asumido con niveles de exigencia tales que responden a las expectativas de la sociedad argentina.

El aporte que realizan las compañías mineras en las comunidades es de extrema importancia. Bienvenida la contribución que sirva para generar una mejor calidad de vida en las comunidades del área de influencia. De esta manera se sientan las bases para un circuito virtuoso de colaboración entre empresas y comunidades, el cual se alimenta de un ingrediente vital aportado por el operador minero: su compromiso local.

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