Las energías renovables muestran un nuevo camino para Argentina

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“Transición energética” es un concepto central en las políticas de crecimiento sustentable que comienza a adoptar la industria nacional de forma cada vez más visible. Su aplicación abre el debate sobre las proyecciones de desarrollo estimadas para el 2025, y ubica al país en el epicentro de un cambio de paradigma respecto a la utilización de su energía. Ante las urgencias de la Argentina actual, el desafío por descomprimir la matriz fósil mediante la adopción de energías renovables (EE.RR) resulta exigente y demandará del correcto cumplimiento de los plazos estimados. Para los especialistas, es el único camino posible para un autoabastecimiento limpio y sostenible en el tiempo que funcione acorde a los desafíos climáticos del mundo moderno.

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La aplicación de sistemas de generación de energía sustentable atrae en la actualidad no sólo por su positiva injerencia medioambiental, sino también por la garantía de precios a largo plazo que podrá fijar esta alternativa energética al sector privado, en comparación con el recurso fósil no renovable proveniente de una industria acostumbrada a sufrir los cimbronazos propios de la economía argentina.

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Comparativa de la estructura del mercado energético actual y futuro (Fuente: GTM Research) 

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Evaluación de la potencia instalada en la Argentina (Fuente: CADER)

 

 

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En este sentido, referentes del sector como Marcelo Álvarez -presidente de la Cámara Argentina de Energías Renovables (CADER)- advierten que si bien esta transición no desplazará de forma total a las no renovables, sí se tratará de eficientizar la utilización energética en caso de áreas que trabajen con combustible importado o en zonas de difícil acceso: “Estamos en un momento histórico para la industria renovable y demandará, de aquí en más, el desarrollo de políticas para catalizar el proceso. Hemos dado pasos en la dirección correcta y tenemos que continuar trabajando para lograr un esquema distribuido que permita a los privados inyectar energía en la red de baja tensión como distribuidor cooperativo. Esto posibilitaría más desarrollo de la industria local y las PYMES, y brindaría un nuevo esquema de servicios provinciales con una oferta renovable barata que reemplaza a la energía fósil, contaminante y cara en determinados focos productivos. Es un momento virtuoso y hay que apurarse para seguir convocando capital y desarrollar, en paralelo, energía distribuida”.

Bajo esa premisa, el 30 de noviembre pasado el Gobierno Nacional promulgó la Ley Nacional N°27.424 de “Régimen de Fomento a la Generación Distribuida de Energía Renovable Integrada a la Red Eléctrica Pública”, cuya base expresa: “Fijar las políticas y establecer las condiciones jurídicas y contractuales para la generación de energía eléctrica de origen renovable por parte de usuarios de la red de distribución, para su autoconsumo, con eventual inyección de excedentes a la red, y establecer la obligación de los prestadores del servicio público de distribución de facilitar dicha inyección, asegurando el libre acceso a la red de distribución, sin perjuicio de las facultades propias de las provincias”. Al momento, son 14 las provincias que han reglamentado su adhesión.

Pero no son sólo éstos los puntos que explican el auspicioso presente de las energías limpias. Las fuertes fluctuaciones internacionales del mercado del Oil & Gas, el desafío que propone la ley 27.191 con miras a alcanzar un 20% de la generación energética a través de bienes surgidos por fuentes no convencionales para 2025, y la responsabilidad internacional que sella el Acuerdo de París en mantener el calentamiento global por debajo de los dos grados de aumento son otros de los hechos que generan un escenario alcista para una industria renovadora que se introduce con firmeza tanto en minería como en otros segmentos industriales de igual porte.

En una primera instancia, las cifras que se manejan a nivel nacional desde el lanzamiento del Programa RenovAR, en mayo de 2016, regido con el objetivo principal de aumentar la capacidad de energía instalada a través de bienes renovables, registran un potencial de US$4.000 millones en inversión, más de 10.000 MW de potencia incorporable al 2025 y la posibilidad de crear 20.000 nuevos empleos en el país y más de 10.000.000 en todo el mundo, según indica CADER:

“Tenemos que llenar la Patagonia de molinos para abastecer de energía a la Argentina”, señalaba el presidente de la Nación, Ing. Mauricio Macri, al momento de hacer oficial la primera ronda del RenovAR. El programa prevé la incorporación de energía renovable a través de un proceso de convocatorias abiertas para la contratación en el Mercado Eléctrico Mayorista (MEM) y tuvo un inicio exitoso. Para las tres primeras rondas -1, 1.5 y 2- se adjudicaron 147 proyectos por un total de 4.466 MW: entre la ronda 1 y la 1.5 se alcanzaron 2.423 MW mientras que para la ronda 2, adjudicada en noviembre de 2017, se capitalizaron proyectos por 2.043 MW a un valor de US$55-57 el MW/H en eólica y de US$40-42 el MW/H solar. Para 2018, se proyecta la realización de una cuarta ronda estructurada principalmente para los proyectos de Participación Público-Privada (PPP), por lo que su desenlace dependerá también del contexto económico general que experimente el país.

Lo cierto es que, en términos de recursos, Argentina dispone de excelsas fuentes de generación renovable provenientes principalmente de energía solar y eólica, y es, según el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), el país con mayor potencial de la región. Montar una estructura acorde a estas características podría reducir 2 MT de dióxido de carbono por año y significaría, a su vez, un ahorro de US$300 millones por los efectos de la sustitución de importaciones. Además, las bases del programa RenovAR indican que los proyectos que entren en licitación deberán incluir un mínimo de entre el 25% y el 35% de los componentes con fabricación local, pudiéndose generar 12.500 empleos directos e indirectos en el mediano plazo tras el reajuste de la matriz.

Desde el Gobierno, la inserción de las EE.RR. en el escenario económico tiene el visto bueno y ha sido un tema frecuente en la agenda del presidente Macri. En febrero pasado, y en el marco de un foro del G20 sobre energías limpias, el primer mandatario fue el encargado de exponer la situación actual del país en la materia y afirmó: “En 2015 las energías renovables generaban solo el 2% de la electricidad. Para 2019 proyectamos alcanzar el 8%, y si seguimos sumando más de 1.000 megavatios por año, será del 20% en 2025“. Esta tendencia de inclusión renovable se repite a lo largo del mundo; por necesidad climática y también como aprovechamiento de un recurso estratégico. China y Estados Unidos, las dos potencias centrales, son, en ese orden, las naciones que más invierten en energía renovable; mientras que economías emergentes como las de México, Brasil y la India también se encuentran profundizando este esquema de desarrollo.

Específicamente en minería y el área industrial, las EE.RR. estuvieron vinculadas desde un inicio con las políticas de Responsabilidad Social Empresaria (RSE) y con un área de aplicación sesgada a esquemas menores, pero poco a poco comienzan a estructurarse como un instrumento central para la optimización de los procesos productivos venideros. En un informe de la consultora Ernst & Young (EY) titulado “Renovables en minería: ¿Futurismo o Realidad?”, Mike Elliott, Global Mining & Metals Leader, afirma que el acceso a la energía está dificultándose de forma periódica y los precios han aumentado un 260% a nivel mundial desde el 2000, lo que abre paso a la creación de sistemas alternativos.

El informe también explica que, en el caso de los países emergentes, la necesidad de generar fuentes de energía alternativas es aún mayor ya que, ante un recurso energético escaso, las compañías mineras tienen que “disputar” esa energía con el resto de las industrias, comercios y usuarios -este es un punto clave dentro de las necesidades de infraestructura que existen en la región del NOA y la Patagonia-. Además, aclara que si las empresas comienzan a invertir en este tipo de tecnologías no sólo generarán licencia social, sino que además podrán mitigar riesgos y sostener la estructura productiva. Por tanto, el papel de las EE.RR. se ha convertido en una sólida razón económica y financiera que colabora al rompimiento de la tendencia fósil que existe en el país y que entre sus beneficios puede ayudar a las compañías a generar un reservorio energético seguro, a la par de reducir la exposición a la volatilidad del precio de la energía actual y mejorar la predicción de los costos futuros.

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La segmentación del mercado eléctrico y su proyección para 2020. (Fuente: GTM Research) 

 

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Inversión en energía renovables en la industria minera (en US$ millones), para mercados mundiales en 2013-2022 (Fuente: Ernst & Young)

Además, otro factor que torna especial el tratamiento energético en la industria minera es la lejanía de los yacimientos con la red eléctrica, especialmente en las provincias que acarrean problemáticas estructurales mayores. A menudo, se hace nece- sario el transporte de vastas cantidades de combustible diésel a distancias extremadamente largas para alimentar a los generadores en sitio, volviendo aún más costoso el proceso de inversión incluso en períodos previos a la entrada en producción de la mina.

Si bien el proceso de inserción renovable será largo e implicará la ruptura de antiguas concepciones coyunturales y dirigenciales, también será largo el desarrollo tecnológico que le espera a las energías limpias para complementar en una primera instancia y sustituir en una segunda a la industria fósil. El gran punto de inflexión se dará mediante la optimización de las baterías de modo que la energía solar y eólica pueda utilizarse dentro de la mina de forma continua los 365 días del año.

 

 

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